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Sí, durante varias temporadas visité Mar de Plata, Montevideo me cautivó, estuve a punto de aceptar responsabilidades mayores, pero finalmente mi carrera fue hacia otros derroteros. Experiencia inolvidable, la de Uruguay y su gente. Un país culto, europeo, pero con tremendos problemas económicos, casi fagocitado por sus vecinos gigantes.
Sus orquestas, ahora debilitadas por la falta de inversión, son herederas de la gran tradición Germánica, fueron dirigidas por Kleiber y tuvieron años de mucha gloria. Se vive allí la fuerza de sus ganas de crecer, de mejorar, ¡les deseo tanta suerte!
En el terreno del folklore, todos conocen la belleza del tango, Uruguay reclama a Piazzola como suyo…y a tantos otros maestros de esa música sincera y arrabalera, como su lenguaje. Ahí se lucha con Argentina, que desde la perspectiva internacional siempre gana de goleada. Para muchos, casi todos, el tango es argentino. Donde no hay duda es en su otro folklore, más fuerte, más visceral, más negro, más aborigen. ¡El Candombe! Ritmo brutal, fiesta de música y color, de cuerpos en trance, obsesivos, como las líneas melódicas del Chico, el Piano, y el Repique (sus tres tambores nacionales). Llegó a “la estancia” traído por los españoles en sus barcos de esclavos africanos, los troncos se hicieron barriles, las lenguas se unieron, las músicas se fusionaron, y el candombe nace como hijo de esa vorágine, de esa guerra de razas y de culturas. Sólo suyo es, de Uruguay.
Conocí a gente muy bella en ese país. Algunos de los que huyeron cuando todo se rompió y parecía quedar sólo el exilio y la muerte me contaban sus historias, y cómo tuvieron que dejar atrás su violín… Otros hombres creativos como Carlos Páez Vilaró, el pintor universal, amigo de Picasso y Marlon Brando, que me habló durante horas en su “palomar”, como él lo llama, en esa casa Daliniana que hizo con sus manos, sin arquitectos ni orden ni concierto, CASA PUEBLO. A veces la música nos regala estas cosas en cada viaje, la gente, los mundos… Es una pena que voy menos a Uruguay... |